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Sri Lanka pequeña isla al sur de la India, también conocida como la isla paraíso, es escenario durante los primeros días de agosto, de la ceremonia de Esala Perahera, la más importante fiesta religiosa de esta geografía exaltada por escritores y viajeros de todos los tiempos.
El festival dura diez días y tiene lugar en Kandy, nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Aquí estuvo la última sede de los reyes cingaleses —una de las monarquías más antiguas del mundo— con 2.300 años de existencia, hasta su derrocamiento por los británicos. Hoy, la ciudad Sagrada de Kandy es el baluarte del poder budista. La ceremonia de Esala Perhara pone de manifiesto esta devoción religiosa.
La fiesta traslada a quienes la presencian al antiguo y mágico Ceylán, nombre original de Sri Lanka. El sonido de los viejos cañones marca el comienzo, y cuando se dice que la demostración dura diez jornadas se habla del día y de la noche, de 240 horas ininterrumpidas de fiesta.
Toda la ciudad se ilumina. Por los caminos delimitados con antorchas, centenares de elefantes desfilan adornados lujosamente con mantos bordados con hilos de oro y joyas. Uno de ellos lleva en su lomo el cofre en el que se guarda el Diente del Buda, el tesoro más preciado del país, aunque, en realidad, sólo se exhibe el cofre. El diente nunca se saca del templo Dalada Maligawa.
El templo y museo Dalada Maligawa es una referencia insoslayable. Allí se guarda el reverenciado Diente del Buda y una serie de cuadros escénicos que relatan su historia: el diente sagrado fue traído a Ceylán en el siglo IV a. C. Su interés radica en que siempre se lo consideró un valor indispensable para el derecho al trono. Se lo transportaba de un lugar a otro, a medida que cambiaba la capital, hasta que fue definitivamente depositado en el templo Dalada Maligawa.
Penitentes, músicos, malabaristas con látigos, tamborilleros, portadores de antorchas, faquires y bailarines ataviados con tocados de plata y joyas le dan forma y color a la multitudinaria procesión. Durante el desfile llaman la atención las mujeres que intentan pasar bajo las barrigas de los elefantes, un acto considerado un signo positivo para la fertilidad.
Peregrinos y turistas duermen en al aire libre —debido a la falta de lugares donde alojarse— y los platos típicos, las tazas de té, la música, los bailes y las demostraciones de fe marcan el pulso de estos diez días que conmueven Sri Lanka. Concluida la celebración, en Kandy los viajeros pueden llegar hasta el río Mahaweli Ganga para observar el baño de los elefantes, admirar las bellas artesanías de plata, ébano y bronce del Museo Nacional y el Centro Artístico de la ciudad y visitar, en los alrededores, el Jardín Botánico de Peradeniya y la Reserva Natural de Udawattakele. Pero, las imágenes de Esala Perahera serán las que guardará para siempre en su memoria.
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